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La píldora desde una perspectiva sociológica

Maryclen Stelling, Socióloga, especialista en Desarrollo Organizacional

Caracas, Venezuela, Septiembre del 2000. Artículo escrito para el Centro Latinoamericano Salud y Mujer.


La píldora anticonceptiva inventada hace 40 años y utilizada desde ese entonces por las mujeres con la función manifiesta de planificar el número de miembros de la familia, traspasó inesperadamente las fronteras de su objetivo inicial, el control de la natalidad. Liberada por los métodos anticonceptivos y culturalmente separados sexualidad y reproducción, la mujer pudo participar activamente en la reinvención del mundo que se comenzaba a dibujar en aquellos míticos años de disidencia, ruptura y desacralización del orden social imperante.

El feminismo y la liberación de los métodos anticonceptivos irrumpieron contra el paradigma patriarcal imperante y la mujer muy consciente de su rol se convierte en sujeto de su propia historia. La denominada revolución sexual conduce a lo que Anthony Giddens(1) denomina "la sexualidad plástica" entendida como una sexualidad descentrada y libre de su intrínseca relación con la reproducción. La "sexualidad plástica" puede ser moldeada como un trazo de la personalidad, pero lo que es aún más importante, al ser liberada de las "reglas del falo", subvierte el orden "falocrático" y las relaciones "genéricas de poder" que de allí se derivan.

Así, la anticoncepción sintética no sólo permitió cuestionar y revisar las relaciones de género en torno a la sexualidad y la reproducción, sino que influyó en gran medida en el proceso de aproximación de la mujer a su propia autonomía. Entendemos, por supuesto, que en este proceso de compleja construcción, participan otros factores determinantes de la emancipación de la mujer, tales como su biografía, condiciones de vida, inserción al mercado laboral, sus proyectos personales y la relación con su pareja y, por supuesto, los condicionantes culturales.

Se diseña así una nueva "ciudadanía sexual", que se asienta en la deconstrucción social de los modelos de masculinidad y feminidad imperantes en el orden tradicional, para desde allí redefinir, no sólo las relaciones con la sexualidad y el deseo, sino la concepción cultural de la paternidad y la maternidad y la toma de decisiones reproductivas, que se torna, en consecuencia, en un proceso interactivo.

La maternidad(2), en carácter de construcción social no escapa a este proceso de desacralización del orden patriarcal heredado por estas mujeres. La maternidad, la manera como se desempeña el rol materno, es culturalmente derivado de las relaciones de poder imperantes, de allí que la "buena madre" es reinventada en cada nueva era, en sus propios términos y de acuerdo a su propia mitología. La buena madre es sólo una idea y no una verdad eterna. La madre de los 90, deslastrada de tabúes, del mandato de la maternidad y del confinamiento a una única esfera, se atreve y se permite desenmascarar los mitos de la maternidad.

La sexualidad, de acuerdo Giddens1, se convierte tanto en un medio de emancipación, como en un terreno propicio a luchas políticas, donde se libra la batalla de la democratización de la esfera privada. Mientras que la democracia en el dominio público, ha sido un proyecto "genérico" asumido por el hombre, la democracia de la vida privada, ha sido un proceso poco visible, que ha correspondido fundamentalmente a la mujer. Es en este terreno de lo personal, donde el ideal emancipatorio de la democracia supone, en primer lugar, la exitosa realización del proyecto de vida y la posibilidad cierta de relacionarse con el "otro" de una manera igualitaria. Este ideario democrático, persigue en segundo término, la prohibición de cualquier tipo de influencia coercitiva (física o emocional) en las relaciones interpersonales.

Este proceso de revolución democrática, conduce de acuerdo a Gilles Lipovetsky(3) a la emergencia de la "tercera mujer", quien vive en un mundo abierto, marcado por "el poder de libre disposición de sí" y por "el derecho a ser dueña de su destino individual".

Finalmente, no queremos finalizar sin antes destacar el surgimiento de un nuevo paradigma en ciencias sociales(4), conocido como la "teoría sociológica feminista", que expresa conceptualmente este largo proceso a partir de tres abordajes teóricos diferentes: las teorías de las diferencias de género, las teorías de la desigualdad entre los géneros y las teorías de la opresión de género.


Referencias:

1) Giddens, Anthony.: The transformation of intimacy. Sexuality, love and eroticism in modern societies, Great Britain: Stanford University Press, 1992

2) Thurer, Sharil: The myths of motherhood: how culture reinvents the good mother, Boston: Houghton Mifflin Company, 1994

3) Lipovetsky, Gilles: La tercera Mujer, Barcelona: Anagrama, 1999

4) Ritzer, George: Teoría Sociológica Contemporánea, España: McGraw-Hill, 1993






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Última actualización: 29/7/2004

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